Las mujeres que se han incorporado al sector minero local han demostrado su capacidad, compromiso y valor agregado en el desarrollo de esta actividad. La minería necesita de las mujeres y las mujeres necesitan de la minería. Historias de raíz local en el Día Internacional de la Mujer.
Redacción Diario Revolución, Calingasta, San Juan, Argentina. – Según los expertos en recursos humanos dentro de la minería, las mujeres muestran un destacado nivel de compromiso, una disciplina constante, alta capacidad de concentración y una dedicación importante.
Además, las mujeres aportan una visión más integral, colaborativa y creativa a los equipos de trabajo, lo que contribuye a mejorar la productividad, la innovación y la sustentabilidad del sector.
Para impulsar la equidad e igualdad de oportunidades para la mujer en la industria minera, se requiere de un trabajo conjunto entre empresas, estados municipales, provinciales, nacionales y organizaciones.
La minería necesita de las mujeres y las mujeres necesitan de la minería.
Según un relevamiento de la organización WIM Argentina – organización sin fines de lucro que impulsa la integración y liderazgo de mujeres en todos los niveles del sector minero argentino y global – la participación femenina en la minería alcanzó el 12,7% en 2025, frente al 8,6% registrado en 2020, una mejora sostenida pero todavía lejana de una representación equilibrada. El informe advierte que el crecimiento no debe medirse solo en porcentajes ya que también se observa una mayor presencia de mujeres en roles técnicos y profesionales, y un incipiente avance en políticas de equidad dentro de las empresas.
En el Día Internacional de la Mujer, REVOLUCIÓN se incrusta de lleno en tres historias de mujeres calingastinas que, venciendo sus miedos, se consolidan en la fría e imponente Cordillera de los Andes.
Yésica Cortéz – Proyecto Altar
Yésica de 38 años, trabajadora en el Proyecto Altar y mamá de Alexander y Agustín, expresó: «Mi vínculo con la industria comenzó hace varios años en la búsqueda de nuevas oportunidades laborales. Elegí trabajar en minería porqué es un ambiente que me gusta mucho, adquirí muchos conocimientos en la Escuela Técnica Gral. Manuel Savio y eso me entusiasmó un montón».
En alta cordillera, la adaptación juega un papel crucial: «fue un proceso lindo la adaptación en una primera etapa y de adquirir más conocimientos. Me costó en un principio, porque había que acostumbrarse a estar varios días lejos de la familia y de casa, pero uno se acostumbra. Ahora me encanta estar acá en campamento con mis compañeros y la gente de las demás empresas, esto es como una gran familia».
«Actualmente mi trabajo es en la loguera. Estoy a cargo de embolsar las muestras de mineral que posteriormente son trasladadas al laboratorio», agregó sobre su rol en la canadiense Aldebarán Resources.
Para la oriunda de Villa Calingasta, el trabajo en sitios remotos ayuda notablemente al crecimiento personal y laboral: «el sector minero me ayuda a convivir y relacionarme de la mejor manera con otras personas. He aprendido un montón en estas tres temporadas que llevo en Altar, hoy por hoy estoy aprendiendo todo sobre la medición de pozos, soy de preguntar mucho a los geólogos con las cosas que me llaman la atención y ellos amablemente me enseñan y me tratan muy bien, eso habla del compañerismo que tenemos».
En el Día de la Mujer, Yésica Cortéz dejó un mensaje esperanzador y a su vez, rotundo: «El mensaje que les daría a las mujeres es que animen a presentar su CV para que puedan acceder a trabajar y poder tener un mejor futuro. Hoy somos muchas las mujeres en la minería y eso habla de la inserción».
Amanda Astudillo – Los Azules
«Todo comenzó a través de un curso de ayudante de perforista que hizo la empresa Los Azules, por el mismo fui seleccionada para trabajar como controladora de pozo y en la actualidad estoy trabajando como Administrativa de Operaciones. Al principio fue un desafío importante porque era la primera vez que dejaba a mi hijo a cargo de mi familia, y me costó bastante, pero con el paso del tiempo me fui acostumbrando a la rutina», señaló.
Amanda Astudillo también es mamá de un hijo y fueron dos las razones por las que decidió, firmemente, enfrentar el reto de trabajar en condiciones inhóspitas: «principalmente quise darle una mejor calidad de vida a mi hijo y segundo, porque me gusta todo lo que se refiere a la perforación de diamantina y mi trabajo como controladora de pozo me permitió aprender mucho de eso», resaltó.
El crecimiento personal en el trabajo implica mejorar habilidades y superar creencias limitantes: «la minería me ayudo bastante a crecer. Hoy miro la vida de otra manera y valoro mucho más el tiempo con mi hijo y mi familia, en el trabajo también crecí bastante y aprendí mucho gracias a cada uno de mis compañeros y de los supervisores que fueron los que me ayudaron desde el primer día que entré a trabajar. Hoy aprendo todo el tiempo de cada uno de mis compañeros y pondero mucho cada oportunidad que mis supervisores me dan».
La trabajadora de uno de los proyectos de cobre más prometedores del mundo destacó la inserción del género en los últimos años y dejó un mensaje en el 8M: «hoy en la actualidad si hay muchas chicas que se han incorporado y se han animado a trabajar en el rubro de la minería, yo les diría en este día que se animen a ser lo que a ellas les gusta y a poder realizarse como mujer desde lo laboral, en lo personal y profesionalmente».
Daniela Martínez – Glencore Pachón
«Mi relación con la minería comenzó a través de mi interés en el sector, mediante un curso de perforación en el cual me di cuenta de la importancia de promover prácticas seguras en un entorno de alto riesgo como la minería. Elegí trabajar en minería porque es un sector crítico donde la seguridad, el medio ambiente y el bienestar de los trabajadores son fundamentales e importantes en comparación con otras industrias. Además, es un punto esencial para el desarrollo económico a nivel global», mencionó.
Para Daniela, que se desempeña en el área de Seguridad Patrimonial y reside en la localidad de Barreal, la tarea no fue sencilla pero sí, satisfactoria: «trabajar en la cordillera fue un desafío emocionante. El entorno exigió adaptación, pero la experiencia es muy gratificante. Hay desafíos difíciles, sin embargo, la colaboración del equipo y las medidas adecuadas hacen posible superarlos».
Sobre la consulta si la minería fue un trampolín para crecer en el aspecto profesional y humano, respondió: «definitivamente, trabajar en la cordillera me ayudó a crecer tanto personal como profesionalmente. Me enseñó resiliencia, adaptabilidad y a valorar la importancia del trabajo en equipo en entornos desafiantes».
La inclusión de mujeres en el sector, es un plus e incentivo al hacer mención que «hay un aumento en la inserción de mujeres calingastinas en el sector, de hecho tengo varias compañeras quienes se capacitan día a día para integrar este camino de la minería».
En un escenario histórico de lucha por la igualdad, el reconocimiento y el ejercicio efectivo de los derechos de las mujeres, Daniela dejó una reflexión: «las mujeres tienen un valor invaluable en la industria. Aportan perspectivas únicas y habilidades valiosas. Persigan sus metas con confianza y determinación. La diversidad en el sector fortalece la innovación y los resultados».
A pesar de los desafíos, como la conciliación entre la vida laboral y familiar o la limitada representación en posiciones de liderazgo, el camino hacia una minería más inclusiva y equitativa con presencia femenina es irreversible. Las mujeres calingastinas no solo dejan su marca, sino que construyen un legado de progreso y equidad que transformará la industria para las generaciones futuras.















