En una reciente entrevista en Veta Stream, los fundadores compartieron cómo transformaron esta «locura» en un espacio de contención, disciplina y crecimiento deportivo que ya traspasó las fronteras del país.
Redacción, Diario Revolución, Calingasta, San Juan, Argentina. En una comunidad históricamente ligada al fútbol, introducir un deporte diferente parecía una apuesta arriesgada. Sin embargo, los profesores de educación física Analía Estudillo y Mauricio Chicahuala decidieron romper el molde. Así nació el Barreal Básquet Club, una institución que comenzó con cinco pelotas prestadas y hoy contiene a más de 60 jugadores, desde niños de cuatro años hasta adultos.
En una reciente entrevista en Veta Stream, los «profes» compartieron cómo transformaron esta «locura» en un espacio de contención, disciplina y crecimiento deportivo que ya traspasó las fronteras del país.
¿Cómo nace la idea de crear una escuela de básquet en Calingasta, donde el fútbol es el deporte dominante?
Analía Estudillo (AA): Todo inició entre el 2020 y 2021. Empezamos con un grupo de chicas del colegio Jesús de la Buena Esperanza con el objetivo de ir a los Juegos Evita. Al ver que tenían muy buen nivel incluso algunas fueron llamadas al seleccionado provincial U15 nos dimos cuenta de que podíamos dar más. Pero pasaba que las chicas terminaban el colegio y emigraban del departamento. Ahí decidimos armar un «semillero» para los más chicos.
Mauricio Chicahuala (MC): En un primer momento, el objetivo eran solo los Juegos Evita. No dimensionamos lo que esto iba a generar a futuro. Hoy tenemos desde Mini-básquet de 4 a 10 años hasta categorías competitivas como U18 y adultos, para nosotros fue un logro muy importante.
Al ser un deporte tan poco habitual en la zona, ¿Cómo fue la respuesta inicial de la comunidad y cómo logran sostener el proyecto económicamente?
MC: Al principio la gente decía «¿Básquet acá? ¿De dónde salieron estos dos?». Pero a medida que fuimos haciendo entrenamientos y encuentros con clubes de San Juan, mostrando un juego vistoso, llamó mucho la atención.
Después de la pandemia, cuando empezamos formalmente, teníamos cinco pelotas y seis conos. Cuando vimos que en una sola categoría teníamos 15 niños, nos dimos cuenta de que no alcanzaba. Hicimos rifas, vendimos empanadas, de todo para comprar material. Hoy nos sostenemos con una cuota mensual que pagan los chicos, la cual se destina a materiales, seguros y viajes. Hacemos todo esto ad honorem, no cobramos un peso; lo hacemos por los chicos y por amor al deporte.
Mauricio, mencionó que fue jugador en San Juan, Capital. ¿Cómo fue la transición de ser jugador a tener que planificar pedagógicamente para distintas edades?
MC: Es totalmente diferente. Uno piensa que por haber jugado ya sabe enseñar, pero me di cuenta de que no era lo mismo. Ahí me puse a estudiar y hoy ambos somos Entrenadores Nacionales Nivel 2. La pedagogía dentro de la cancha te la da el estudio. No podés usar la misma planificación para un nene de Mini-básquet, que quiere jugar y tirar al aro, que para un U18 al que tenés que explicarle el fundamento táctico de cada ejercicio.
Han logrado hitos enormes, como competir en un torneo internacional en Chile. ¿Qué impacto tienen esas experiencias en los jóvenes calingastinos?
MC: Fue una de las mejores experiencias de mi vida. Ver a nuestros chicos almorzando y compartiendo con clubes de Chile o Ecuador fue alucinante. Te sentás, mirás a tu alrededor y decís: «Wow, a dónde hemos llegado».
AA: Yo soy nacida y criada en Barreal, y acá no había nada más que fútbol. Darles otra disciplina, ver a los chicos picando la pelota por la calle o aros colgados en las casas de los vecinos, te da una emoción inmensa. Por ahí el cansancio te hace querer bajar los brazos, pero mirás a los chicos que tenés atrás y seguís. Nuestro objetivo principal, más allá del deporte, es inculcar disciplina, respeto y responsabilidad.
Ya transitando el último tramo de este 2026, ¿Cuáles son los objetivos a corto y largo plazo para el Barreal Básquet Club?
MC: A corto plazo, antes de fin de año, queremos organizar un encuentro grande en Barreal. Estamos en charlas con clubes de San Juan Capital, Iglesia y Valle Fértil para hacer un mini-campeonato importante acá en nuestra casa. A largo plazo, mi gran sueño es lograr que nuestras categorías más grandes puedan entrar a competir de manera oficial en la Liga Sanjuanina de Básquet y en la Federación. Cuesta muchísimo por las distancias ya que estamos a 200 km, pero es el gran objetivo.
Llevan el nombre de Barreal, pero por lo que transmiten, la identidad trasciende la localidad. ¿Sienten que representan a todo el departamento?
AA: Exactamente. Cuando salimos a jugar afuera no somos solo Barreal, somos Calingasta; todos nos conocen así y nuestra idea es representar a todo el departamento. Nuestro objetivo a futuro es expandirnos territorialmente. Nos encantaría poder ir a dar clases a la Villa Calingasta o a Tamberías.
¿Y qué está frenando actualmente esa expansión hacia localidades como Tamberías?
AA: Hay dos grandes barreras. Primero, la falta de infraestructura: en Tamberías no hay aros habilitados, al igual que en otros playones deportivos. Los únicos aros que hemos visto están en la Escuela Técnica General Savio. Segundo, la logística de traslado de los chicos: hemos tenido interesados de otras localidades, pero los horarios de los colectivos de línea no coinciden con nuestros horarios de entrenamiento.
Lo ideal sería que nosotros podamos viajar a dar clases, capacitar a personas de la zona y que se forme un referente local en Tamberías o Calingasta. El conocimiento no ocupa espacio y estamos totalmente dispuestos a compartirlo con quien quiera acercarse.
Para cerrar, sostener y hacer crecer un club pionero con más de 60 chicos requiere mucha ayuda. ¿Qué mensaje le dejan a la comunidad que los acompaña en este camino?
MC: Un agradecimiento enorme a los padres, porque sin ellos sería imposible sostener un club. Nos confían por unas horas el tesoro más valioso que tienen, que son sus hijos, y eso nos llega mucho. También quiero agradecer a nuestras propias familias que nos bancan los tiempos, y hacer una mención muy especial a nuestras colaboradoras, Valeria Paredes y Vanessa Espejo. Nosotros somos el trabajo que se ve en la cancha, pero ellas son el pilar fundamental que sostiene todo desde atrás.
AA: Me sumo al agradecimiento a las familias y a todos los que aportan su granito de arena o una simple palabra de aliento para que el club no se quede. Dejamos e invertimos mucho tiempo en esto, pero vale la pena. Ver la sonrisa de los chicos te reconforta y te llena el alma. Podés llegar con un mal día, pero entrás a dar clases, te levantan el ánimo y te olvidás de todos los problemas.









