El legado del sulfato de aluminio: Bernardo y Mario, protagonistas de una época dorada en Calingasta

Durante dos décadas, la intensa actividad dinamizó la economía local y forjó una fuerte identidad productiva en el valle cordillerano. El testimonio de dos de sus trabajadores.

Redacción, Diario Revolución, Calingasta, San Juan, Argentina. Entre 1973 y 1993, la minería de sulfato de aluminio alcanzó su máximo esplendor y transformó a Calingasta.

La producción se enviaba principalmente a Buenos Aires, donde era clave para el tratamiento y potabilización del agua.

Durante estas dos décadas, la intensa actividad dinamizó la economía local y forjó una fuerte identidad productiva.

Hoy, las antiguas plantas abandonadas y las escombreras junto al río Los Patos son el testimonio de esta histórica era.

En «Veta Stream», el streaming de cada miércoles en DIARIO REVOLUCIÓN, Bernardo Castañeda y Mario Contreras, dos protagonistas y obreros del sulfato de aluminio, reflexionaron acerca de una época de esplendor para Calingasta.

¿Cómo fue la experiencia en el sulfato de aluminio?

Bernardo Castañeda (BN): Los inicios fueron desde muy joven, yo comencé con 17 años y hoy tengo 69 con la empresa Ceras San Juan y después nos trasladamos a Calingasta y aquí coincidimos con Mario Contreras, trabajamos unos años y después nos separamos pero siempre en la minería.

En la minera Sulfacor fui maquinista. En este momento, recuerdo a muchos compañeros con cariño que ya no están y hacían trabajos muy peligrosos con explosivos, tenían sus herramientas pero a veces a ellos les resultaba más cómodos por ejemplo agarrar el fulminante y apretarlo con los dientes. Eran otros tiempos.

Mario Contreras (MC): Era muy joven, mi viejo me dio la posibilidad de estudiar o trabajar porque en esos años era así, no es como ahora que uno le exige a los chicos que vayan a la escuela. Entonces, empecé a trabajar como ayudante de calderista en la Plaza de Luluaga haciendo magnesio. Ahí estuve cuatro años y lo conocí a Bernardo Castañeda que fue ayudante mío de la caldera, después aprendimos a manejar juntos con los canadienses porque en ese entonces eran muy pocas las empresas mineras que tenían maquinaria nueva y el tema alumbre, hablando de lo que es el sulfato de aluminio, el alumbre empezó prácticamente por el año 50′ la primera empresita de alumbre que empezó acá fue ahí en lo que se llamaba la «bajada de cuni».

Ahí estaban «Cuni» y «Yusi» que eran los primeros que habían venido de Buenos Aires y empezaron con el alumbre que se utilizaba para curtir el cuero. Después el magnesio también se utilizó para eso y la magnesia llevaba muchos más años que el sulfato de aluminio.

No sé si ahora todavía estará en pie, hay una casita y una pileta en la parte del Tontal donde se trabajaba y se zarandeaba la magnesia y se trasladaba a lomo de burro hasta el corazón de Villa Calingasta. El señor José Gallardo, fue uno de los empresarios que recibía ese material y lo enviaba a la gente que lo necesitaba, la magnesia se utilizó mucho para las plantaciones y después se hizo para farmacopeas. Luego, llegó el auge que daba buen resultado para la clarificación de agua, entonces vinieron las nuevas empresas como Sulfacor, Minar, Comisa y La Lumbrera, eran las plantas que producían y se utilizaba mucha mano de obra porque había que concentrar el material, llevarlo a punto maría, se largaba en cancha para el enfriamiento, una vez que se enfriaba, se levantaban esas canchas, se llevaban a los molinos, se embolsaba en bolsas de 50 kilos y se enviaban a Buenos Aires.

Después cuando llegó el momento de cerrar, porque hubo un párate allá por el año 80 donde Obras Sanitarias dejó de comprar ya que la producción de Calingasta era cara porque todos los insumos que se traían eran de afuera y en dólares, por ejemplo, se utilizaba mucho clorato que era para eliminar hierro y el permanganato, que era otra sustancia para eliminar el manganeso, sumado al transporte del fueloil y el acarreo.

A Obras Sanitarias le salía caro porque tenía que ocupar calderas y piletas para disolver el sulfato de aluminio en piedra que se llevaba para la clarificación del agua, entonces empezaron a comprar a la empresa Montes que estaba en Buenos Aires que lo hacía líquido, pero ocupaba la bauxita de Brasil o de Misiones, porque esas tierras están llenas de bauxita, que es el sulfato de aluminio, de ahí se sacaba de esa bauxita y aquí Calingasta tenía prohibido trabajar con bauxita, le mejoraba mucho la calidad del óxido, porque lleva un óxido útil, el sulfato de aluminio.

(Durante el stream se transmite un video de data de los años 80′, uno de los protagonistas es Bernardo Castañeda) ¿Qué le sucede al ver este material?

BC: Ese video fue de un programa televisivo que se llamaba «La Aventura del Hombre», que vinieron a filmar a Calingasta, en ese tiempo ya estaba en la presidencia el Dr. Raúl Alfonsín que vino al departamento Calingasta y reactivó lo que era el sulfato de aluminio, porque tuvo ese párate donde mucha gente tuvo que emigrar como yo y otros compañeros más, tuvimos la suerte que el mismo patrón que realizaba el sulfato de aluminio nos llevó a Buenos Aires y pudimos trabajar allá unos seis años aproximadamente.

En ese vídeo, ¿Se acuerda de quiénes aparecen?

BC: Don Tomás Lazo, que está de azul, el de marrón era Ernesto «Caruca» Meneses, como le decíamos cariñosamente, después Julio Castillo que sale revolviendo el mineral en las piletas australianas, aparece don Juan Julio, hay algunos que ya no están, eran muchos obreros de Minera Sulfacor que yo creo fue la empresa que mucho más obreros ocupó en el sulfato de aluminio. 

¿Cuál fue la empresa que congregó a la mayor cantidad de obreros?

BC: Minera Sulfacor, fue la que tuvo más personal, era la empresa que más toneladas entregaba a Obras Sanitarias, en ese tiempo eran 1.500 toneladas mensuales y era mucha cantidad.

Cada empresa tenía un cupo de acuerdo a la capacidad, la mínima que tenían era 900 toneladas mensuales. Cuando se reinició en el 86′ el sulfato de aluminio, porque anteriormente estuvimos parados prácticamente varios años, porque los costos eran caros, la empresa con mayor tecnología era Comisa, una empresa que trabajaba con mucha tecnología y no tan artesanalmente como otras.

El impacto económico en mano de obra, fue muy grande para Calingasta, ¿no? 

MC: Sí, porque prácticamente le daba trabajo a casi la mitad del pueblo de Calingasta, particularmente a la Villa de Calingasta. En su principio, Calingasta, toda la vida fue de la manzana, la sidra, en la época de Cantoni. Luego, de a poquito iba creciendo el sulfato de magnesio, después empezó la lumbre y a medida que iban cerrando las otras fábricas, la gente iba buscando hacerse de nuevo trabajo y Barreal siempre fue su agricultura, en cambio, Calingasta se fue diversificando porque empezó Castaño que fue el auge en el año 56 al 64.

Algo que nos llama mucho la atención cuando uno va o viene de la Ciudad de San Juan, son las ruinas que existen en el kilometro 114 de la Ruta Provincial 12, ¿Es un vestigio del sulfato?

MC: Si, el que puso su primera empresa ahí fue don Francisco Merino, que fue diputado después. Él puso IMSA, Industria Minera de Sulfato de Aluminio y en sus comienzos había muchas familias, entonces se hizo una escuela, la empresa pagó para que se hiciese esa escuela. Lamentablemente cuando hubo el primer parate, muchos quedaron ahí aislados. Y después cuando se volvió a reactivar nuevamente, que ya no era material sólido sino líquido, por los costos porque había que concentrar mucho, entonces en vez de concentrar, se trataba el líquido con menor cantidad de personal.

Era menos personal, únicamente tenían que tener los calderistas, que trabajaban en tres turnos, a veces en dos turnos de doce horas. Estaba el que trabajaba en las piletas, que es el que lixiviaba, de ahí pasaba a la planta para que se hiciera el tratamiento de manganizado que era eliminar el hierro y el manganeso, luego dejarlo decantar para cargar los camiones y llevarlo a Buenos Aires. 

¿Se trabajaba con escasas medidas de seguridad? 

MC: Se trabajaba siempre con lo que exigía el gremio AOMA, como el zapato de seguridad, guantes, barbijo y casco, eso era lo principal, algunos lo usaban otros no porque el obrero era así, después era el problema de la psicosis pulmonar y muchos de los mineros que trabajaron, han sufrido de eso, de los pulmones. 

Pocos protagonistas quedan de aquella época…

BC: Claro, conmigo han trabajado Ernesto Meneses, Manuel Villalobos que vive en la Ciudad de San Juan, Julio Castillo, Juan Arce, Hugo Astudillo y Julio Silva, tenemos para hacer un gran encuentro en alguna oportunidad, sería muy lindo.

Por último, Mario y Bernardo, ¿Qué enseñanza les dejó el sulfato de aluminio?

BC: Y lo mejor que nos dejó a nosotros el sulfato de aluminio es que tuvimos la gran suerte de tener ese trabajo acá en Calingasta y haber criado y educado a nuestros hijos lo mejor posible, porque no era decir que vamos a educar a un hijo con un secundario como es ahora, hoy por hoy es diferente, antes no, iban únicamente a un secundario la gente que podía. Hubo momentos muy difíciles con la inflación cuando íbamos a comprar algo y al otro día salía el doble. El sulfato nos dio la chance de poder mantener a nuestras familias lo mejor posible.

MC: En primer lugar, aprender. Aprendí a soldar, a manejar y muchísimas cosas más. Y después el tema de sulfato de aluminio se paró porque entró un nuevo gobierno como el gobierno actual que empezó a privatizar porque era gasto para el estado y eliminó el sulfato de aluminio que era caro para ellos. El sulfato me dejó un sinfín de aprendizajes y anécdotas.

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