En una charla íntima y enriquecedora, Jorge «Toti» Suárez, referente de Cordillerano Athletic, repasó la actualidad del deporte en Calingasta, los desafíos de formar a los más chicos y el sueño intacto de conseguir un espacio propio. Desde camisetas diseñadas en un colectivo hasta la profesionalización de los cuerpos técnicos, un repaso por el trabajo a pulmón que sostiene a las instituciones locales.
En una nueva emisión de «Veta Stream«, el streaming de cada miércoles de DIARIO REVOLUCIÓN, nos visitó Jorge «Toti» Suárez, socio fundador de Cordillerano Athletic Club, la institución deportiva que revolucionó la localidad de Barreal en menos de dos años. Con un enfoque integral que combina la formación deportiva desde la primera infancia, la salud mental y la regularización institucional, «La Academia» pasó de ser un proyecto de entrenamiento a un club consolidado con más de 80 chicos y categorías en todas las divisiones.
Suárez repasó los orígenes, el presente y la visión a futuro del club teñido de verde.
Le hace bien a todo el plano institucional de Calingasta la llegada de un nuevo espacio de contención para familias y chicos. Para empezar, ¿Por qué a Cordillerano le dicen «La Academia»?
Allá por 2024, tras alejarme del Deportivo Barreal donde habíamos fundado la primera escuelita, surgió la oportunidad de hacer algo nuevo enfocado netamente en el entrenamiento. No se armó como club inicialmente, lo armamos para recibir a chicos de otros clubes y perfeccionarlos, darles conceptos sobre los puestos y formas de entrenamiento. Por eso empezó como «academia de fútbol». El nombre se me ocurrió a mí; el primer escudo lo diseñé en una aplicación y la gente lo adoptó de inmediato.
Y el crecimiento fue explosivo. Empezaron sin camisetas y hoy tienen múltiples categorías compitiendo…
Sí, el primer entrenamiento fue el 6 de marzo de 2024. Tuvimos una recepción increíble con más de 40 chicos. Cuando llegó el momento de entrar a la liga infantil fuimos a preguntar si podíamos participar. Teníamos el escudo, pero no camisetas. Osvaldo Toro del Centro Calingasta nos prestó unas camisetas y pecheras para arrancar. Al mes, gracias al esfuerzo de los papás y sponsors, tuvimos la nuestra. Hoy tenemos cerca de 80 chicos. Contamos con dos equipos de 4 y 5 años (la novena), tres equipos de octava (fútbol 7), y dos equipos por categoría en séptima y sexta (fútbol 11). Además, ya formamos reserva, primera, cuarta y veteranos.
Tienen un cuerpo técnico muy completo para las divisiones inferiores: entrenador de arqueros, preparador físico… Se nota una búsqueda de profesionalismo desde los 4 años.
La base nuestra son los niños. Nuestro inicio no fue buscando armar una primera división. Si íbamos a trabajar con chicos de hasta 13 años, queríamos que estuviera bien hecho. Somos cerca de 12 profes trabajando. Llevamos talleres de nutrición al club y contamos con apoyo para identificar problemas de conducta o de gestión de emociones. Si un chico no puede pagar la cuota de formación deportiva, lo becamos, siempre y cuando la conducta sea buena, la escuela vaya de la mano y la familia acompañe.
Históricamente se prioriza lo deportivo y se deja de lado lo institucional. Ustedes están a punto de conseguir la Personería Jurídica en tiempo récord. ¿Por qué le dan tanta importancia a los papeles?
He estado en muchas instituciones en San Juan y en departamentos como Iglesia, y creo que todavía no se logra entender la importancia de la parte jurídica. Mientras jugamos los campeonatos parece que no hace falta, pero hoy estamos expuestos jurídicamente para todo: una lesión, un accidente, o para pedir un subsidio. Tener la personería al día te da el poder de exigir, de plantarte ante autoridades, ligas o el Consejo Federal. La fecha de fundación oficial del club es el 12 de noviembre y calculamos que la Personería Jurídica está al caer este mes.

¿Cómo logran sostener toda esta estructura económicamente y en cuanto a infraestructura?
El financiamiento de la formación es a través de una cuota deportiva. Con eso sostenemos parte del espacio. Empezamos a administrar el Camping de UDAP, donde arreglamos la cancha de fútbol 7, el buffet y los baños. Como nos quedó chica, Hugo Gallardo —un exjugador de veteranos— nos cedió un espacio al que llamamos «El Potrero» para entrenar. Nos ha ayudado muchísimo. Además, los propios profes y jugadores impulsan iniciativas: venta de indumentaria o armado de cantinas, todo con objetivos claros y transparencia sobre el destino de los fondos, que hoy apuntan a cubrir los altos costos de los trámites contables y jurídicos.
En cuanto a la identidad, vemos que visten íntegramente de verde, con detalles de piel de víbora en algunas camisetas. ¿De dónde nace la elección del color?
Se negoció con los profes y les gustó a todos. Había quedado vacante el verde en la liga local tras la salida del 20 de Junio, aunque aclaramos que no somos el 20, tenemos otro origen. En lo personal, tiene también un poco de mi corazón puesto en Sportivo Desamparados. Fue un pequeño homenaje al club que me sacó de San Juan a un vestuario federal cuando tenía 18 años y del cual tengo recuerdos enormes.

Pasaron de ser «Fútbol Club» a «Atlético Club». ¿Qué proyecciones tienen a futuro?
Abrimos el panorama para que se acerquen otros deportes. Ya hay intenciones de sumar Futsal con el profe José Paz, que llegó del sur con un proyecto para competir afuera. No te podría decir un techo exacto. Por lo pronto, vamos a competir en la asociación local hasta cumplir con todas las categorías y, si se da la posibilidad de salir a jugar una Copa de Campeones u otra instancia, bienvenido sea. También tenemos el sueño de concretar un viaje anual con los chicos a Carlos Paz. Pero el crecimiento va a ir de la mano sin dejar jamás de lado la formación y la iniciación, que es el germen de todo Cordillerano.

¿Cómo hacen para conseguir y gestionar la indumentaria del club, desde la ropa de entrenamiento hasta las camisetas oficiales?
Generalmente, cuando hacemos un pedido, tiramos la idea para ver si alguien quiere encargar. Algunas se hicieron muy sobre la marcha. Por ejemplo, la de la Cuarta División la armamos en un colectivo: íbamos con los jugadores y el profe Oliver, el micro tenía Wi-Fi, buscamos un modelo ahí nomás, la encargamos al toque y en cinco días nos llegó para empezar el campeonato. Hemos ido sacando modelos, preguntando a los profes, incluso sacamos un modelo inspirado en el Palmeiras porque todo lo que vemos verde lo traemos. Lo bueno es que hemos logrado un sistema que funciona: un negocio local «El Encanto» comercializa nuestras camisetas. Nosotros no las manejamos, la gente va, la compra ahí y listo.
Metiéndonos en la actualidad y generalizando un poco, ¿Cómo ve a grandes rasgos el deporte en Calingasta? ¿Qué cree que nos falta?
Creo que ha crecido un montón en estos últimos años. Hay otro tipo de apoyo y se han generado espacios que antes no había, tanto a nivel local como en los clubes y las escuelas, buscando que el chico haga algo y no se quede solamente en la «vida virtual», que a veces es muy crítica. Sin embargo, creo que falta un poco de inversión en los profesionales. Estamos llenos de gente voluntariosa en todos los clubes, pero a veces con pocas herramientas. A partir de la minería y algunos convenios, ha llegado gente de la universidad a dar capacitaciones y diplomaturas. La única forma de que la semilla crezca es regándola.
Habla de la necesidad de sumar herramientas. ¿Hacia dónde le gustaría que apunte el fútbol local en ese sentido?
Me gustaría que sea un poco más profesional, por así decirlo. Fueron muchos años donde a la cancha entraban todos simplemente porque se ponían la camiseta o porque faltaba uno y entraba alguien de la tribuna. Hoy por hoy me gustaría ver clubes entrenados, capacitados, entendiendo el juego. No es más «vivo» el que va y juega, sino el que se prepara. Yo, por ejemplo, hice el curso de técnico de forma virtual en la escuela de Menotti. Los clubes de a poco van entendiendo cuál es su rol, dejando atrás la época donde el técnico era también el secretario, el tesorero y el que atendía la cantina.
¿Cómo trabajan ustedes esta profesionalización y formación?
Nosotros somos fuertes en la formación y estamos a disposición de cualquier club que nos solicite para compartir nuestra experiencia. Tenemos herramientas sobre cómo acercarse a un chico de cuatro años, cómo trabajar con los de seis, siete o diez, cómo trabajar la motricidad y la coordinación. Hicimos también una capacitación de iniciación deportiva junto a la municipalidad. Acá nadie se salva solo; la buena competencia es lo que hace ricos a los jugadores, a los técnicos y a las instituciones.
Detrás de todo este trabajo y de los más de 80 chicos que tienen en el club, imaginamos que hay muchísima gente colaborando…
Totalmente. Primero mi familia, mis viejos y Belén, que son un sostén impresionante porque el tiempo que uno le dedica al club se lo saca a la casa. Después a los profes, que le ponen el corazón: Oliver, Víctor, Joel, Luis, Marcos, Tatiana, Cintia, Eli y nuestro presidente, que ahora está con un problema de salud pero siempre está presente. A toda la comisión directiva, que son los mismos papás del club, a los comercios locales que nos apoyan y a todos los que nos acompañan. Ojalá podamos mantener este trabajo en el tiempo y conseguir algún terreno, alguna cancha donde afincarnos para empezar a construir el gran sueño que es tener nuestro propio club.
Para terminar, ¿Cuál es tu mensaje final para aquellas personas que todavía no se animan a hacer realidad sus sueños?
Que los sueños no se abandonan, siempre se buscan hasta que se consiguen. Y si no se consiguen, seguro el camino te dejó un aprendizaje para otro objetivo. Esto comenzó como un sueño personal cuando vi que nacía mi hijo Felipe. Yo no tuve una escuelita de fútbol para formarme de chico, y no quería que se repitiera esa historia con él. Felipe es un poquito el culpable de todo esto. Les digo que laburen, que las cosas se consiguen. Nosotros todavía no cumplimos un año como asociación civil y ya estamos compitiendo en finales de inferiores. Nada es imposible.











