Natalia Suárez: “En el contacto con la comunidad aprendemos a transversalizar la minería con la vida diaria”

Desde el área de desarrollo comunitario de Hualilán, Natalia Suárez profundizó sobre el programa “Sembrando futuro” y explica cómo la gestión social minera se involucra en los destalles que transforman la realidad cotidiana de los vecinos.

De la compra de semillas de zanahorias y caléndulas, al kit de geometría para docentes. Desde el área de desarrollo comunitario de Hualilán, Natalia Suárez profundizó sobre el programa “Sembrando futuro” y explica cómo la gestión social minera se involucra en los destalles que transforman la realidad cotidiana de los vecinos. Habló en «Minería y Voz», el programa de la CMSJ que se retransmite los sábados de 11 a 13 hs por Radio del Valle.

La minería suele asociarse a grandes máquinas y perforaciones, pero hoy vamos a hablar de semillas, huertas y trabajo articulado con el INTA. Natalia, ¿Cómo nace esta iniciativa de las huertas familiares en Ullum?

Nace de la escucha activa. Buscábamos una excusa para vincularnos con grupos de la comunidad y compartir conocimientos que les generaran un beneficio personal directo. Decidimos conversar con Analía Lepez de la Dirección de Hacienda del Municipio de Ullum y por su intermedio con Daniela Ortiz de la Dirección de género y junto a ellas diseñamos juntas este programa. El equipo de Hualilán gestionó los recursos y en equipo con la Dirección de Género y Deportes nos habilitaron un espacio dentro del camping municipal de Ullum. Así llegamos al INTA, donde las ingenieras Patricia Donoso y Carina Martini nos ayudaron a diseñar un programa técnico sólido. Lo que empezó como un taller pequeño para un grupo de mujeres, se expandió orgánicamente: se sumaron jubilados y hoy tenemos a casi 50 personas participando activamente.

Es fundamental esa “pata técnica” que menciona. ¿Cómo fue la logística para llevar el conocimiento al territorio?

Es esencial. Para ejecutar esto necesitas expertise. Las ingenieras del INTA tienen “mucha cancha” en zonas comunitarias. El equipo de Hualilán gestionó los recursos y la Dirección de Deportes de Ullum nos cedió el camping municipal. Fue un trabajo en equipo donde todos los actores —municipio, empresa y organismo técnico— tiramos para el mismo lado.

En la práctica, ¿Qué está aprendiendo y cosechando hoy un vecino de Ullum gracias a este programa?

Están aprendiendo los fundamentos de la huerta de temporada otoño-invierno. Se les entrega una bandeja de germinación y semillas de zanahoria, beterava, berenjena, rúcula, lechuga y perejil. Pero también incorporamos flores, como las caléndulas, para enseñar sobre el cuidado del espacio y la jardinería. Ya estamos recibiendo las primeras fotos de los plantines creciendo; ver ese compromiso de la gente, es lo que le da sentido a nuestro trabajo.

Recién hablábamos con la gente de Panorama Minero sobre la magnitud de la industria. Es curioso que en un programa minero estemos hablando de caléndulas y lechugas. ¿Ese es el mensaje de la minería actual?

Totalmente. Parte de nuestra visión de sustentabilidad. Desde el área de Comunidades nos toca “transversalizar” la industria con la vida diaria. Mis pedidos de compras a veces resultan extraños para el equipo técnico: un día pido un cartel con el diseño de una virgen para una parroquia, otro día compases gigantes con ventosas para que los docentes enseñen geometría en el pizarrón, y al siguiente, semillas de flores. Nos involucramos en cuestiones que están fuera de lo técnico pero que son vitales para el vecino.

Se nota que hay una proyección a largo plazo. ¿Qué sigue para “Sembrando Futuro”?

El sueño es grande. Si esto prospera, queremos entregar kits de herramientas propios y, por qué no, crear una huerta comunitaria solidaria o una cooperativa. Te comparto un sueño: que un día, en el comedor del proyecto minero, comamos una ensalada con verduras cosechadas aquí mismo en Ullum por nuestra gente.

Es una forma de manejar las expectativas. No todos pueden trabajar directamente en la mina, pero la mina puede generar trabajo en otras áreas.

Exacto. Se trata de fortalecer toda la cadena de valor y las actividades conexas. Pero hay algo clave: nada de esto funciona si la comunidad no tiene el deseo de que prospere. El verdadero desafío no es solo entregar la semilla, sino que exista la voluntad y el compromiso del vecino para participar. Sin ese interés humano, cualquier programa pierde su propósito.

Natalia, el Proyecto Hualilan está avanzando. ¿Cómo cambia el enfoque con la comunidad cuando la mina pasa a una etapa más activa de producción?

Cambia drásticamente. Las diferentes etapas del proyecto nos dan marcos distintos. Cuando una empresa empieza a producir, la comunidad se predispone de otra manera y sus demandas evolucionan. Tanto en Ullum como en Calingasta, nuestro rol hoy es preparar a la gente para que pueda dar respuesta a esa instancia, brindando herramientas y capacitación para potenciar su desarrollo.

Muchos emprendedores de Ullum visitaron la Expo San Juan Minera por primera vez para vincularse con la industria. ¿Cómo se alinean estas acciones con las políticas de fondo de la empresa, como la visión de Carbono Neutral?

Todo parte de una estrategia de sustentabilidad (ESG). No son iniciativas aisladas. Para ser una empresa Carbono Neutral, o para cumplir con el Pacto Global, hay que transversalizar los procesos de toda la operación. La sustentabilidad real es cuando la estrategia de comunidades acompaña la estrategia del negocio. El viernes de la expo, llevamos un grupo de emprendedores de Ullum para que conecten su oferta con las necesidades reales de la industria.

Usted es licenciada en Recursos Humanos y eligió especializarte en el trabajo social con la gente. ¿Qué impacto humano se lleva de este contacto directo con la comunidad?

Para mí, esto es parte de mi propósito personal. Siempre vas con una expectativa de lo que vas a dar, pero recibís el doble. Es muy satisfactorio. En comunidades no siempre todo es felicidad o diálogo fácil, pero el hecho de mantener el canal abierto y la escucha activa genera oportunidades. Mi camino siempre fue este: la causa social y el trabajo con la gente.

Hablábamos del programa “Sembrando Futuro”, pero el nombre completo es mucho más profundo: “Cultivando Redes que Trascienden”. Hay un componente de contención emocional muy fuerte ahí, ¿no?

Exactamente. El objetivo inicial era generar un espacio de contención para personas que quizás han pasado situaciones difíciles o de vulnerabilidad. Al final del taller, hicimos una reflexión y las palabras que más surgieron no fueron “productividad” o “técnica”, sino “contención”, “alegría”, “cariño” y “reconocimiento”.

Incluso usted misma mencionaba que no tenía “mano verde”…

(Risas) ¡Es verdad! Empecé cuidando cactus y hoy tengo un jardín enorme. En el taller compartimos eso: que lo importante es disponerse a compartir con el otro lo que uno tiene para ofrecer. Al final, se trata de entender cómo vincularse con la naturaleza y con los demás.

Ojalá que, como decíamos, ese futuro “raviol minero” tenga el sello de Ullum. ¿Qué mensaje final le deja a la gente del departamento?

El mensaje es que, siempre que haya deseo, ganas y apertura, se pueden lograr cosas grandiosas. Ullum tiene un potencial enorme y este programa nos abrió una puerta de confianza. Estamos conociendo el territorio y trabajando para que estas redes realmente trasciendan.

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