Tras asegurar una inversión de 8 millones de dólares australianos, Mina Casposo entra en una fase clave. Rubén Femenía, gerente General de la operación, analiza el impacto de estos fondos destinados a exploración en el área Manantiales y el desafío de extender la vida útil del proyecto por una década más.
Tras asegurar una inversión de 8 millones de dólares australianos, Mina Casposo entra en una fase clave. Rubén Femenía, gerente General de la operación, analiza el impacto de estos fondos destinados a exploración en el área Manantiales y el desafío de extender la vida útil del proyecto por una década más. Una charla sobre eficiencia, el mercado de capitales y la emoción de ver la planta nuevamente en movimiento. Habló en «Voz y Minería», el programa de la CMSJ que se emite los sábados de 11 a 13 hs en Radio del Valle.
Recientemente la compañía anunció una inyección de más de 8 millones de dólares australianos. En un contexto global complejo para el financiamiento, ¿Cómo lograron encontrar esta “llave” para acelerar los motores en San Juan?
Estamos muy contentos. Es la primera vez que nuestra empresa se abre al mercado de accionistas con intención de invertir. Fue un trabajo estratégico de nuestro CFO que llegó a buen puerto. Lo importante es que este capital apoyará tanto a las minas de Chile como a la de Argentina. En el caso de Casposo, los fondos se destinarán básicamente a exploración y a inversiones de capital para eficientizar nuestras operaciones actuales.
Para que el vecino de Calingasta, Albardón o Ullum lo entienda de forma directa: ¿Qué significa este dinero en términos concretos y qué plazos manejan para su uso?
Significa, ante todo, exploración. Es seguir estudiando los recursos de Casposo. Específicamente en áreas como Manantiales, donde tenemos un contrato con el IPEEM desde 2020. Ya hemos perforado allí, pero necesitamos más campañas para confirmar si los excelentes resultados que vemos en superficie continúan en profundidad.
Esos resultados en superficie parecen ser alentadores…
Totalmente. De hecho, las leyes que estamos viendo hoy en superficie son mejores que las que descubrimos originalmente en Casposo. El cuerpo mineral debería estar ahí, pero al tratarse de vetas y no de un yacimiento diseminado, encontrarlas es un desafío técnico mayor. Estamos trabajando en distintas opciones de perforación para localizar ese cuerpo.
¿Es Manantiales la clave definitiva para que Casposo no vuelva nunca más a una etapa de mantenimiento?
La idea es encontrar “otro Camila” (en referencia a la veta histórica del proyecto). Buscamos un tamaño que nos permita extender la vida de la mina al menos unos 10 años adicionales a lo que tenemos hoy. El objetivo final es, claramente, encontrar otro Casposo.
Usted vivió el proceso de transición. ¿Qué se siente hoy al llegar a la mina y escuchar nuevamente el ruido de las máquinas y el movimiento de la gente, comparado con los años de silencio del cuidado y mantenimiento?
Es una satisfacción enorme. Estuvimos seis años parados y volver a reactivar todo, estar produciendo de acuerdo a los planes establecidos, es gratificante. Antes, la mina es tan grande que tenías que salir a buscar a los pocos muchachos que estaban. Hoy la realidad es otra, y es una alegría para nosotros y para todo el departamento de Calingasta.
Casposo es un emblema para Calingasta. En esta etapa que podríamos llamar “Casposo 4.0”, ¿Qué percibís que siente el calingastino con esta proyección a 10 años y la búsqueda de nuevos cuerpos minerales?
Casposo siempre dejó una muy buena imagen porque fue un gran desarrollador para el departamento. Calingasta es un pueblo que vive y entiende la minería; la tiene en sus raíces. Yo siempre digo que el calingastino tiene “ADN minero”, y por eso siempre acompaña nuestros proyectos. Es una fuente de trabajo muy valorada.
De hecho, han reincorporado a trabajadores que ya formaron parte de la empresa en años anteriores. ¿Qué importancia tiene ese “know-how” para la operación actual?
Hemos recontratado a mucha gente por su experiencia y porque son excelentes trabajadores. Ese conocimiento es un activo valioso: ya saben cómo manejar una planta de procesos por agitación y recuperación de oro y plata. Si empezáramos de cero con personal sin experiencia, el tiempo de formación sería mucho más largo. Aquí valoramos ese oficio que ya tienen.
Un hito reciente es la recepción de mineral proveniente de otro proyecto como Hualilan. ¿Crees que este modelo colaborativo de procesar mineral de terceros es algo que se va a contagiar en el resto de la provincia?
Debería ser un modelo que se contagie. En Chile es algo totalmente normal; incluso el Estado tiene entidades que compran mineral a pequeños productores para procesarlo. No es simple, porque el mineral debe adaptarse técnicamente a la planta y hay que cumplir con normativas ambientales y permisos, pero es el camino.
¿Es esa la visión a largo plazo que tiene la compañía para San Juan?
Siempre fue la idea de nuestro CEO. En San Juan y alrededores, somos la única planta de procesamiento por agitación disponible. Siempre que el precio del metal acompañe para cubrir los costos de transporte, nuestra intención es recibir y procesar mineral de otros yacimientos en Casposo.
Hablando de precios, el valor actual de la onza de oro parece ser el aliado perfecto para esta reapertura…
Exactamente. El ciclo positivo de los metales nos permite hoy procesar incluso mineral de menor ley. Esto es clave: gracias al precio actual, hemos podido reabrir Casposo procesando stock de mineral que antes, por una cuestión económica, no era factible tratar.
Es decir que en Casposo había mineral “quieto” que no se podía procesar porque el costo de encender la planta era mayor a lo que se obtenía por la venta.
Claro, teníamos mineral quebrado, con todo el costo de extracción ya realizado, pero la ecuación no cerraba. Eso cambió cuando el precio del oro empezó a recomponerse. Evaluamos la posibilidad de reprocesar ese material junto con el de Julieta y Mercado, y así surgió la rehabilitación de la planta. Pero ojo: el precio te pone límites, especialmente en el transporte. Para proyectos chicos, si no podes transferir el mineral a una planta cercana, su magnitud no justifica construir una propia.
Ahí es donde entra el trabajo “finito” de los números. Usted siendo contador, sabe que no es solo extraer y sacar un lingote; hay una ingeniería de costos muy compleja detrás.
Muy fina. Si bien hay estándares, cada proyecto tiene su particularidad. Es un trabajo conjunto: entre los geólogos que encuentran el mineral —que son el origen de todo—, los ingenieros de minas y los contadores, llegamos al número que hace que el proyecto salga adelante. Es una cadena de valor donde intervienen abogados, transportistas y muchos profesionales.
Saliendo un poco de Casposo, ¿cómo ve el panorama de San Juan? Hay mucha expectativa luego de PDAC y los grandes proyectos de cobre.
Soy muy pragmático; me cuesta vivir de la expectativa y eso me lleva a ser muy calmo. El futuro de San Juan está en el cobre por el tamaño de las inversiones. Si bien proyectos como el nuestro, Veladero o Gualcamayo movemos la aguja, son minas maduras. Necesitamos que arranquen construcciones nuevas.
¿Qué plazos maneja en su análisis personal?
Tengo la esperanza de que entre 2026 y 2027 vengan muy buenas noticias sobre el inicio de construcción de nuevos proyectos. Son procesos largos que demandan mucho tiempo antes de generar impuestos o regalías, pero el movimiento que generan desde el primer día es enorme.
¿Cree que la demanda mundial ayudará a que esto se concrete?
El futuro es bueno si no “metemos la pata”. Las expectativas se han moderado un poco; hace años se decía que en 2030 no habría más cobre o que todos los autos serían eléctricos ya mismo, y vemos que no es tan así. De todos modos, San Juan tiene un potencial real y confío en que algún gran proyecto arrancará en el corto plazo.
Y con otro horizonte por delante. En este sector se dice que la exploración es el “seguro de vida” de una mina, ¿es así?
Exactamente. En minería siempre tenés que destinar una parte de tus ingresos a la exploración; es lo que te da de comer a largo plazo. Si no invertís en buscar nuevos recursos, en algún momento el proyecto se termina. Hay que aprovechar los ciclos de buenos precios para invertir y extender la vida de los yacimientos.
Hablemos de producción. Casposo ya está sacando lingotes, ¿cuál es el ritmo actual de la planta?
Empezamos a producir en septiembre de 2025 y desde entonces mantenemos un ritmo permanente de aproximadamente 1.500 onzas por mes. Es un nivel que buscamos sostener porque la planta tiene límites físicos definidos desde el diseño original.
¿De qué límites hablamos en términos de capacidad técnica?
Casposo puede procesar unas 30.000 toneladas mensuales. Es un tope rígido: si un mes procesas menos por algún inconveniente, al siguiente no puedes procesar el doble para compensar. Según nuestros estudios técnicos (el informe 43-101), nuestra producción oscila entre 600 y 2.000 onzas finales dependiendo de la ley del mineral que ingrese ese mes.
Con ese ritmo de trabajo, ¿cuál es hoy la vida útil estimada de la mina?
Hoy estamos hablando de unos 6 o 7 años de vida útil con el recurso propio. A eso hay que sumarle lo que aporte el mineral de terceros.
¿Cómo impacta, por ejemplo, el procesamiento del mineral de Hualilan en ese cronograma?
Para que te des una idea, procesar las 450.000 toneladas previstas de ese proyecto. Como contador saco la cuenta rápido (risas): son 15 meses más de trabajo y valor agregado en nuestra planta.













