Diario Revolución Calingasta les cuenta a sus lectores a través de Eduardo – conservamos su identidad verdadera ante la delicada situación -, como es vivir en el mayor drama narco de la Argentina. Un diálogo revelador.
Rosario es una anomalía, una anomalía narco. En ningún otro lado de la Argentina -y tampoco en ningún otro lado de la provincia de Santa Fe- ocurre lo que pasa allí.
Y no es que en las calles donde se concentra el problema de la droga se venda una enorme cantidad de cocaína o marihuana.
El problema es la violencia, las muertes (casi 2.000 en una década) y el descontrol… un verdadero monstruo que, tras un verano relativamente tranquilo, volvió a levantar la cabeza en los últimos días.
Todos y cada uno de los jefes narcos de la ciudad -con Ariel «Guille» Cantero (35), Esteban Lindor Alvarado (44), y Julio Andrés Rodríguez Granthon (30) al tope de la lista- están presos hace años.
Sus segundas y hasta terceras líneas también cayeron, al igual que los lideres de otros clanes.
Una teoría para explicar la reciente ola de homicidios a inocentes sostiene que, como estos capos comenzaron a vivir bajo regímenes penitenciarios cada vez más cerrados y aislados, iniciaron una guerra con las autoridades.
Y su mejor arma es matar a cualquiera. No habiendo una razón.
Eduardo, con una familia compuesta por cuatro integrantes, es calingastino y vive hace más de 20 años en el ahora, ojo de la tormenta.
«Esto es un desatre, se consigue droga en cualquier parte y hay búnkeres con venta en todos lados, los pibes jóvenes están destruídos y viven solo para eso. El problema se agravó cuando en el 2013 mataron al líder de la banda Los Monos, Ariel Pájaro Cantero, desde ahí comenzaron a matarse todos contra todos, los otros Cantero que están presos en la actualidad manejan todo desde ahí», relató un Eduardo indignado.
La consulta de este medio fue sobre el día a día en Rosario: «los colectivos funcionan con mucha menor frecuencia como un día domingo cada dos horas, las escuelas en su mayoría no quieren abrir porqué los narcos amenazaron con balear las escuelas, si salís a comprar no sabes en que momento puede venir uno y matarte. Yo trabajo en una imprenta gráfica y están asustados tanto los clientes como los empleados, yo salgo de casa al trabajo y no sé si voy a volver, estar acá en Rosario es horrible y no tenes paz. No podes estar ni siquiera en la vereda, a los narcos no les importa nada te matan como a un animal. Trato yo de hacer las compras y que mi familia no salga a la calle», respondió.
«Comprar droga acá es como ir a un negocio a comprar cualquier artículo comestible, se consigue fácil».
Eduardo
Calingastino y habitante de Rosario, Santa Fe.
En el desarrollo de la entrevista, Eduardo contó abrumado que «el crimen a sangre fría del playero Bruno Nicolás Bussanich de 25 años fue a menos de diez cuadras de mi casa».
«En las calles no hay casi presencia policial, todos están complotados en la droga como la policía y los políticos, ninguno se queda sin la porción de la torta. Si vos haces una denuncia, los narcos se enteran y van y te tirotean la casa, es preferible quedarse callados sino estás dos metros bajo tierra», retrucó.
Eduardo, graficó como la droga y el robo son moneda corriente: «estar acá es una historia de supervivencia, los pibes te pegan un tiro por las zapatillas o un celular, están perdidos en la falopa. Es impresionante como corre la cocaína».
El calingastino habló en reiteradas ocasiones de irse de Santa Fe: «con mi esposa hemos charlado un montón de veces sobre el irnos a Córdoba o a San Juan pero tengo aquí un buen trabajo. Hay que aprender a sobrevivir y la llevamos como podemos».
Para terminar, Eduardo ahondó en la desesperanza que hay sobre el futuro: «creo que si el gobernador Maximiliano Pullaro sigue adoptando medidas duras contra los narcos en la cárcel, esto más duro se va a poner en las calles y lamentablemente se la agarran con gente inocente. Veo todo difícil en Rosario de ahora en más».
Por Redacción Diario Revolución Calingasta.
Calingasta, San Juan, Argentina.



