«Tendremos las dos caras de la misma moneda: después de mucho tiempo habrá agua para paliar la crisis hídrica, pero también deberemos defendernos. El exceso de agua trae anegamientos, aparición de enfermedades y pudrición de frutos en los cultivos agrícolas», adelantó el Ing. Lucas Guillén.
El Ingeniero Agrónomo, Lucas Guillén, jefe de la Agencia de Extensión Rural Calingasta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), analizó en una profunda entrevista en VETA STREAM el impacto del fenómeno de «El Niño» en la producción local, la caída de las áreas cultivadas y la dura realidad económica que atraviesa la agencia de extensión tras los fuertes recortes presupuestarios a nivel nacional.
¿Cuántos años lleva trabajando en el INTA y cómo es su arraigo con el departamento?
Llevo 22 años trabajando en el INTA. Un poco más de la mitad del tiempo estuve en la provincia de Tucumán, de donde soy oriundo, y ahora dentro de dos meses cumplo diez años acá en Calingasta. Ya me considero uno más, me empecé a identificar con el lugar y hasta con un club local.
Pensando en el sector productivo y la temporada estival, ¿Cómo impactará el fenómeno de «El Niño» en Calingasta y cómo se preparan?
Estamos permanentemente atentos a la información meteorológica. En la cordillera no ha parado de nevar, lo que mantiene el tiempo frío, pero cuando empiece a hacer calor, se estimularán lluvias intensas y bajará más agua por el río. Tendremos las dos caras de la misma moneda: después de mucho tiempo habrá agua para paliar la crisis hídrica, pero también deberemos defendernos. El exceso de agua trae anegamientos, aparición de enfermedades y pudrición de frutos en los cultivos agrícolas.
¿Qué recomendaciones le da al productor local para prevenir estos daños?
Lo principal es seguir los pronósticos de corto plazo (24 o 48 horas), que son los que más aciertan. Desaliento el uso de aplicaciones de clima en el celular porque en el valle tenemos muchos microclimas y no son precisas por los vientos que disipan las nubes. A los productores, especialmente a los ajeros que pronto empiezan a secar su cosecha en el suelo, o a quienes plantaron zapallo, sandía o tomate les pedimos redoblar esfuerzos. Si el agua se empoza, hay que profundizar los desagües para evitar que la falta de escurrimiento pudra el fruto o genere hongos.
A nivel departamental, ¿La producción agrícola ha aumentado o disminuido?
En general viene bastante en picada. Las economías regionales y de alimentos frescos están muy desalentadas. Hoy se prioriza y se estimula la producción que genera dólares, como los granos y commodities, mientras que acá en Calingasta producir cuesta más, incluso tenemos el combustible más caro. Por ejemplo, el ajo depende del mercado internacional; en 2023 teníamos más de 200 hectáreas cultivadas en el departamento y hoy estimo que han bajado a cerca de 100 porque el precio cayó a la mitad. A esto se le suma el desorden territorial y la urbanización, que complejiza la gestión del agua de riego.
¿Cuál es la situación actual de la agencia del INTA en cuanto a personal y presupuesto tras los recortes a nivel nacional?
Hemos sufrido recortes y la «motosierra» nos afecta fuertemente, como a todo el sector de ciencia y tecnología. Hasta junio éramos seis trabajadores, pero dos profesionales de planta permanente se adhirieron al retiro voluntario, perdiendo el 30% de la planta. Quedamos cuatro: un ingeniero agrónomo de planta transitoria, dos becarias doctorales y yo. Económicamente, tenemos el mismo presupuesto que en 2023. Al no tener actualizaciones en tres años, hemos perdido en términos reales casi un 54% de nuestra capacidad operativa. Además, programas fundamentales como Pro-Huerta que entregaba las famosas semillas y Cambio Rural, fueron cerrados directamente por el gobierno.
Ante este desfinanciamiento, ¿Cómo logran mantener la agencia y la asistencia al pequeño productor?
Con mucha articulación interinstitucional con la provincia, el municipio y el sector privado. Pero una gran ayuda hoy es nuestra Cooperadora del INTA, una sociedad civil sin fines de lucro. Todo lo que produce semillas, plantines, vinos de Mendoza, aceite de oliva premiado de la variedad Arauco se vende para generar un excedente que vuelve al INTA. Antes esto era una ayuda extra, pero hoy se nos ha hecho casi necesario para costear el mantenimiento mínimo de la agencia y la reparación de vehículos. Quienes quieran colaborar y comprar, mantenemos un stock en la agencia de extensión en Barreal, incluyendo los kits de semillas (ahora a través de Fecoagro) para huertas familiares.
Se habló mucho de la «súper quinoa calingastina» y ensayos para el espacio. ¿Qué nos puede contar de los desarrollos en los campos experimentales?
En el campo experimental que tenemos donde antiguamente funcionaba el vivero provincial logramos desarrollos muy importantes. Fuimos parte de la generación de la variedad de quinoa «Morrillos». La quinoa es promovida mundialmente como un súper alimento, utilizado por deportistas de élite y astronautas de la NASA, por su equilibrio de proteínas, carbohidratos, minerales y hierro. Lo más importante frente al cambio climático es que consume muy poca agua. Producimos esta semilla para mantener la variedad y la genética ante el Instituto Nacional de Semillas, además de conservar colecciones de vides criollas y frutales históricos de nuestro valle.
¿Qué característica principal tiene la quinoa de Calingasta frente a otras variedades del país?
Se destaca por su gran capacidad de adaptación. A través de pruebas en la red interna del INTA, se demostró que tiene una producción muy pareja y regular en distintos lugares del país por ejemplo en Tucumán, a diferencia de otras variedades que no se adaptan igual. Si bien no produce en cantidades exorbitantes, rinde de forma muy confiable en todos lados.
¿Tiene alguna desventaja esta variedad en el mercado?
Sí, su color. Al ser de color beige y no blanca que es la preferida mayoritariamente en el mercado, cuesta un poco más su aceptación visual. Sin embargo, el sabor es exactamente igual al de las demás quinoas, por lo que se está trabajando desde la gastronomía para fomentar su consumo y aceptación.
¿Cuál es el desafío actual con la quinoa en Calingasta?
El gran desafío es que mucha gente aún no la consume. El objetivo es promover y dar a conocer el producto para que se incorpore en la dieta diaria y esté en la mesa de los calingastinos y sanjuaninos, dado que es considerado un «súper alimento» por la gran cantidad de nutrientes que tiene.
¿Qué mensaje final deja para el sector productivo?
Que no duden en consultar a la Agencia de Extensión del INTA ante cualquier necesidad. Que estén prevenidos y no se descuiden frente a la situación climática del fenómeno del «súper niño». Que apuesten al cooperativismo y no dejen de asociarse; la salida colectiva es la más importante, especialmente en las comunidades pequeñas.












