El 14 de junio la guerra de Malvinas terminó. En los últimos instantes hubo arduas conversaciones entre argentinos y británicos, órdenes de Galtieri hacia Menéndez que no fueron obedecidas y batallas que pasaron a la historia como las de mayor bravura de las tropas argentinas.
El general Mario Benjamín Menéndez era el gobernador. En esta imagen se dirige a las tropas en Darwin el 25 de mayo de 1982.
Desde los primeros días de junio, los ingleses iniciaron los intentos por llegar a un alto el fuego. Lo hicieron comunicándose con el radio teléfono ubicado en el hospital “King Edward”, usado habitualmente por los isleños para evacuar consultas médicas. La mañana del 6 de junio la doctora Alison Bleaney atendió una llamada y estuvo a punto de cortar porque creía que era una broma. Desde la flota, un oficial del estado mayor británico deseaba comunicarse con las autoridades argentinas.
La mujer envió un mensajero al gobierno a pasarle la novedad al comodoro Carlos Bloomer Reeve, secretario general de la gobernación. Este le informó al gobernador Mario Benjamín Menéndez, quien designó al capitán de la Armada Barry Melbourne Hussey a escuchar lo que querían decir, pero sin responder ante ninguna cuestión. El mensaje británico era el de encontrar un punto de acuerdo para terminar con la batalla.
Ambos interlocutores acordaron hablar todos los días siempre a las 13 horas. Lo harían hasta el día 12.
Las últimas horas de la guerra se las conoce como de las de mayor resistencia argentina.
Monte Longdon fue escenario de un dramático combate de los soldados del Regimiento 7.
A partir del 9 de junio, los británicos aumentaron la intensidad de fuego de artillería. Entre el 11 y 13 se sucedieron los combates de Monte Harriet, Monte Longdon, Dos Hermanas, Monte Tumbledown y Wireless Ridge. Constituían la última barrera defensiva antes de llegar a Puerto Argentino.
En los montes Harriet y Dos Hermanas los británicos encontraron una dura resistencia. Un francotirador logró frenar por horas a una compañía de Marines Reales y también había quedado inmovilizada una compañía del 45° en las laderas de Dos Hermanas, resistencia que mereció el elogio del enemigo.
Jeremy Moore, el comandante británico. El día anterior a la rendición salvó su vida en un ataque aéreo.
En Monte Longdon hubo una batalla durísima con alta cantidad de bajas. Los ingleses debieron avanzar a bayoneta calada y, una vez en la cima, tuvieron que defenderse de dos contraataques argentinos. Un pelotón de 46 hombres de la compañía C del Regimiento 7 obligó a la Compañía B inglesa a un repliegue.
La dureza de los combates quedó reflejada en los números: de los 278 hombres de la Compañía «Maipú» pudieron replegarse solamente 78, luego de doce horas de combate contra el 3 PARA. Los británicos sufrieron 23 muertos y 70 heridos.
A las 3 y media del sábado 12 de junio por primera vez en la historia se lanzó un misil Exocet MM-38 desde una rampa que se montó cercana al aeropuerto de Puerto Argentino. Se lo disparó al Glamorgan, un buque británico que todas las noches bombardeaba la capital. El tiro fue exitoso: el misil impactó en su cubierta dejando inoperantes sus dispositivos electrónicos.
El combate de Tumbledown, el 13 de junio de 1982. Pintura de Steve Noon, artista británico.
Durante el 13 se realizaron cerca de veinte misiones aéreas sobre posiciones británicas. En su campamento en Monte Dos Hermanas, el comandante Jeremy Moore salvó su vida de milagro en un ataque aéreo.
En la noche del 13 de junio, unos 50 soldados escoceses atacaron la base del monte William, donde los defensores argentinos recibieron la orden de replegarse. Antes de la medianoche, en la península Camber, al norte de la rada de Puerto Argentino, se rechazó una incursión británica con lanchas rápidas.
A la noche del 13 de junio, una sección de la Compañía de Ingenieros Anfibios se replegó desde el noroeste del monte Tumbledown hacia el puesto de comando del Batallón de Infantería de Marina 5. A las tres de la mañana, en medio de una tormenta de nieve, una fracción de ellos junto a miembros de la Compañía de Ingenieros Anfibios y una sección de tiradores de la Compañía del Regimiento de Infantería 6 se prepararon para contraatacar en el oeste del monte Tumbledown. Dos horas más tarde la Compañía Nácar intentó recuperar el control del monte. Hubo un intento de contraatataque, en el que terminaron heridos media docena de escoceses, pero ante el nutrido fuego enemigo, el general Menéndez autorizó el repliegue de las fuerzas.
Pilotos, mecánicos, técnicos y soldados del Escuadrón M5 Dagger antes de una de las misiones en Comodoro Rivadavia. Las acciones de los pilotos de la Fuerza Aérea y de la Aviación Naval fueron la mayor preocupación de los británicos.
Durante la Batalla de Wireless Ridge, las trincheras del Regimiento 7 fueron blanco de cerca de 6 mil proyectiles disparados por la artillería británica. Primero, los ingleses tomaron el sector norte y dos compañías, que venían combatiendo desde el día anterior, se dirigieron hacia Moody Brook, en medio del fuego de los cañones ingleses.
El avance inglés continuó a pesar de la lucha de las tropas argentinas por mantenerse en el terreno. La infantería británica, apoyada por tanques ligeros, lograron llegar a las posiciones y rodear a efectivos del BIM 5. En la ladera sur de Wireless Ridge, unos 40 hombres de la Compañía A del Regimiento 3 encabezó un contraataque contra soldados del Para 2.
En el amanecer del 14, soldados sobrevivientes del combate de Wireless Ridge formaron una línea defensiva en cercanías del arroyo Felton. Unos 50 sobrevivientes del Regimiento 7 lanzaron un contraataque contra los cuarteles de Moody Brook, ya en poder británico, pero fueron rechazados por el fuego de artillería. Los británicos se admiraron por la actitud de los argentinos.
Algunos de los soldados del Regimiento 3 que protagonizaron uno de los últimos contraataques de la guerra.
La Fuerza Aérea lanzó su última misión: dos bombarderos Canberra y dos Mirage atacaron posiciones británicas en Furze Bush Pass. Uno de los Canberra fue derribado.
A las 6 de la mañana, la artillería argentina disparó hacia la cima del Wireless para frenar el avance de los paracaidistas británicos y hubo fuego para cubrir el repliegue de los soldados argentinos. Una hora después los británicos dominaban Tumbledown y desde helicópteros dispararon misiles contra la artillería argentina cercana a Moody Brook.
Antes de retirarse, un subteniente y 21 artilleros del Grupo Aerotransportado 4 se quedaron para operar la última pieza, la que dispararon sobre paracaidistas británicos. Cuando un proyectil quedó atascado, se retiraron.
A esa altura Carlos Robacio, el comandante de BIM 5, había desobedecido dos órdenes de repliegue y seguía peleando.
En la última acción de la guerra, una sección de la Compañía Mar del BIM 5 había puesto fuera de acción a dos helicópteros Sea King británicos. El BIM 5 finalizó su repliegue a las 15, marchando a paso redoblado en las calles de Puerto Argentino con las tropas encolumnadas y en poder de sus armas.
La guerra había terminado.
