A 69 años de su muerte, ocurrida el 13 de julio de 1954, la artista mexicana sigue resignificándose. La célebre pintora surrealista fue un ícono de la moda, la emancipación femenina y el activismo, a pesar de las desgracias que sufrió.
La mañana del 13 de julio de 1954 Frida Kahlo exhaló su último suspiro en su casa azul de Coyoacán, México. Al día siguiente las puertas del Palacio de Bellas Artes se abrieron para que México y el mundo dijera adiós a su pintora más célebre, sin saber que su muerte solo era el comienzo de un mito que perduraría 69 años después.
Hoy el arte honra a la polémica artista de cejas unidas, labios carmesí y espíritu indomable con una serie de celebraciones que demuestran que está más viva que nunca.
A la atormentada artista se le bautizó como Magdalena del Carmen Frida Kahlo Calderón. Su vida fue tan trágica como famosa. A los seis años la poliomielitis le dejó secuelas en la pierna derecha, defecto que disimulaba con la singular vestimenta de sus antepasados indígenas.
En tres décadas, fue sometida a 33 operaciones, tortuosos tratamientos y sufrió la amputación de una pierna como consecuencia de un accidente vial que tuvo a los 18 años, cuando un tubo le atravesó la espalda y la vagina, además de romper su columna y otros huesos.
Lo que no pudo quebrar su accidentado estado de salud fue su voluntad. El arte fue una catarsis para la pintora surrealista, que decía plasmar su realidad, no sus sueños, en una serie de obras que hoy alcanzan cifras de millones de dólares en el mercado del arte o que decoran las paredes de los museos más importantes del mundo.
«Ahí les dejo mi retrato, pa’ que me tengan presente, todos los días y las noches, que de ustedes yo me ausente», escribió la autora de numerosas cartas, un diario íntimo y obras autobiográficas como «Retrato con Mono», «Las dos Fridas», «La columna rota» o «Viva la vida».
Una fuera de norma
No sólo en el arte Frida Kahlo se mostró como una fuera de norma. Cejijunta, impuso, mucho antes que otras feministas, la falta de depilación en axilas, piernas y bigote, (sin dejar de ser atractiva para los/as de gustos más conservadores). Su vestimenta, un popurrí de ropas regionales mexicanas y prendas exóticas creadas por ella, marcaron un estilo inimitable, que en el primer mundo -tan ávido de pintoresquismo latinoamericano- causa sensación. En Nueva York, San Francisco o Detroit deslumbraba con su ropa y con sus joyas, aunque también con la ambigüedad. Desde chica le gustaba vestirse de hombre, como lo demuestran las imágenes que le tomaba su padre, Wilhem, luego Guillermo, un fotógrafo alemán. Ya adulta, tras separarse de Rivera, Frida se cortó el pelo muy corto y vistió trajes de hombre.
El paso del tiempo le sentó perfecto, incluso después de muerta. La admiración hacia ella no paró de crecer. En esta tercera década de siglo XXI, Frida Kahlo, nacida el 6 de julio de 1907, es un icono pop -y por lo tanto de mercado- que lo abarca todo: desde imágenes de cobertores de iPhone hasta editoriales de la revista Vogue. Su influencia actual se expande además a otras artes que las plásticas. Repasemos la música popular actual, sin juicios de valor: Chris Martin, movilizado por su visita al Museo Frida Kahlo (la Casa Azul), y específicamente por la pintura “Naturaleza muerta: viva la vida”, compuso la canción “Viva la vida”, de Coldplay; Ret Hot Chili Peppers le dedicó la canción “Scar Tissue”; Madonna dijo que se había inspirado en pintoras, entre ellas Frida, para realizar su video “Bedtime Story”.
Las cenizas de Frida, esa pionera, están en la Casa Azul de Coyoacán, hoy Museo Frida Kahlo, el lugar de sus íntimos cielos e infiernos.


