Un colegio sanjuanino restringió el uso de celulares en las aulas para mejorar la convivencia escolar

La medida comenzó a aplicarse en el nivel secundario del Colegio San Francisco tras un proceso de análisis que llevó casi un año. Desde la institución remarcaron que la iniciativa busca generar un uso responsable de la tecnología y fortalecer los vínculos entre los estudiantes.

El Colegio San Francisco implementó desde esta semana un nuevo protocolo que limita el uso de teléfonos celulares durante toda la jornada escolar para los alumnos del nivel secundario. La disposición comenzó a regir el lunes 3 de agosto y fue definida luego de un trabajo conjunto iniciado en 2025 con docentes, especialistas, equipos de orientación y familias.

La directora del establecimiento, Leticia Monla, explicó en Radio Sarmiento que la decisión surgió a partir de situaciones de conflicto entre estudiantes vinculadas al uso de las redes sociales. Según detalló, muchos de los problemas se originaban fuera del ámbito escolar, pero terminaban impactando dentro de las aulas.

“Empezamos a detectar dificultades en la relación entre los chicos, muchas veces generadas por situaciones en redes sociales fuera del horario escolar. Eso nos llevó a prestar atención al uso que se estaba haciendo de la tecnología”, señaló la directora.

Monla indicó que antes de avanzar con la restricción se intentó fomentar la autorregulación entre los alumnos, aunque los resultados no fueron suficientes. Por ese motivo, la institución decidió establecer una norma concreta: los celulares deben permanecer apagados y guardados dentro de las mochilas durante toda la jornada.

En caso de que un estudiante utilice el dispositivo sin autorización, el teléfono queda en poder del equipo directivo y debe ser retirado por un adulto responsable durante el horario escolar.

Desde la institución aclararon que la intención no es eliminar la tecnología del ámbito educativo, sino evitar los usos perjudiciales que afectan la convivencia. “El problema no es el celular ni la tecnología, sino los excesos y el mal uso, como grabar situaciones, exponer a compañeros o distraerse durante las clases”, explicó Monla.

A pocos días de la puesta en marcha del protocolo, la directora destacó cambios positivos en la dinámica escolar. Según relató, los estudiantes comenzaron a recuperar espacios de interacción directa, con más conversaciones, juegos y actividades compartidas durante los recreos.

“Los chicos están jugando, charlando y buscando otras formas de relacionarse. Los más grandes también comenzaron a generar conversaciones sin depender del teléfono”, afirmó.

Respecto a la reacción de los alumnos, Monla señaló que hubo consultas y cuestionamientos propios de la edad, aunque la implementación se desarrolló sin conflictos importantes. “Preguntan por qué no pueden usar algo que les pertenece, pero todo se dio con respeto”, sostuvo.

La medida también recibió un fuerte acompañamiento de las familias. La directora contó que la mayoría de los padres que debieron acercarse a retirar celulares manifestaron su apoyo a la decisión y destacaron la necesidad de establecer límites frente al uso de los dispositivos.

El procedimiento establecido por la escuela contempla que al inicio de cada jornada los preceptores recuerden la normativa y los estudiantes guarden sus teléfonos apagados dentro de sus mochilas. Si se detecta un incumplimiento, el aparato es identificado y queda bajo resguardo hasta que sea retirado por un familiar.

Durante la primera semana de aplicación, los casos fueron reducidos. Monla precisó que el día con mayor cantidad de retiros se registraron 12 celulares sobre una matrícula total de 543 estudiantes.

La directora remarcó finalmente que los teléfonos podrán seguir utilizándose con fines pedagógicos cuando exista una planificación docente y autorización previa, ya que la medida apunta principalmente a promover un vínculo más saludable entre los alumnos y la tecnología.

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