En una Copa del Mundo con 48 equipos, selecciones como las de Jordania, Uzbekistán o Curazao cuentan con protagonistas que juegan en ligas muy lejanas a las primeras planas.
El Mundial 2026 tendrá más equipos que nunca y, con eso, también aparecerán nombres que para el público resultan prácticamente desconocidos. Selecciones como Jordania, Uzbekistán, Irán o Curazao tienen sus estrellas, pero también pondrán en escena futbolistas que juegan lejos del radar europeo, en ligas menores o incluso en contextos semiprofesionales.
En el caso de Jordania, debutante absoluto en la Copa del Mundo, el contraste es claro. Mientras su figura es Musa Al-Taamari, con presente en el fútbol francés, el resto del plantel se apoya en jugadores que militan en ligas de Medio Oriente. Nombres como Rajaei Ayed (Al-Hussein), Amer Jamous (Al-Zawraa) o Noor Al-Rawabdeh (Selangor) son habituales titulares y llegan desde torneos con escasa visibilidad internacional. Incluso gran parte del mediocampo y la defensa juega en la liga local.
Uzbekistán, una de las selecciones que viene empujando fuerte desde Asia, también presenta ese mix entre talento emergente y nombres poco conocidos para el gran público. Más allá de su joya Abdukodir Khusanov, perteneciente al Manchester City, el equipo se sostiene con futbolistas que construyeron su carrera en ligas locales o regionales. El arco suele estar en manos de Utkir Yusupov, mientras que en defensa aparecen jugadores como Rustam Ashurmatov y Davronbek Khamdamov, con recorrido en Asia Central. En el mediocampo, nombres como Otabek Shukurov aportan experiencia en ligas poco visibilizadas, y arriba surge Igor Sergeev, un goleador histórico en su tierra, pero lejos del radar europeo.
En Irán, la sensación de equipo competitivo convive con un plantel que, en gran parte, se mueve fuera del foco mediático. Más allá de sus figuras ofensivas, el equipo se sostiene con nombres como Hossein Hosseini, arquero y referente de Esteghlal FC, o defensores experimentados como Shoja Khalilzadeh y Morteza Pouraliganji, con recorrido en ligas del Golfo y Asia. En el mediocampo, futbolistas como Saeid Ezatolahi, Ali Gholizadeh o Saman Ghoddos aportan experiencia internacional, aunque lejos de las grandes ligas.
Curazao, con una base de futbolistas formados en Europa, pero sin lugar en la élite, es un equipo que combina recorrido y anonimato.
El arco lo defiende el histórico Eloy Room, mientras que en defensa aparecen nombres como Cuco Martina y Sherel Floranus, con pasos por ligas menores del Viejo Continente. En ataque sobresalen Rangelo Janga y Gervane Kastaneer, delanteros con trayectorias que oscilaron entre el nivel amateur y el profesional.





